Es curiosa la gran semejanza de estos dos terminos: causalidad y casualidad, ¿será casual?...
Nunca he vuelto a encontrarme a nadie tan obsesionado por la distinción de estas dos palabras como aquel que fué amigo y fiel ortodoxo catalán, que continuamente hacia recurrente el tema que hoy quiero tratar aquí: casualidad y karma.
Dijo Jesús "...quién a hierro mata a hierro muere." en un contexto conocido: Pedro le separa la oreja de la cabeza a un soldado romano.
Entonces, centrandonos en el tema, es esta idea un recurso de los sacerdotes para controlar a sus fieles o al contrario tiene fundamente que se pueda explicar. Las razones de las distintas religiones son muy parecidas, que no iguales. Causa y efecto, son conceptos muy tangibles, incluso físicos, parpables, que pueden experimentarse con cierta facilidad. Los conductos de la energia que son invisibles son a su vez muy evidentes. La termodinámica concluye que la energia ni se crea ni se destruye solo se transforma; y esta es una forma de equilibrio universal: causalidad. Es la misma ciencia termodinámica que nos asevera que la entropía siempre aumenta, o lo que es lo mismo el desorden, el caos; la casualidad aumenta con el caos.
El origen y significado de las palabras pueden ayudarme a llegar al fondo de la cuestión. La causalidad es la relación entre una causa y su efecto; y se conoce un principio filosófico que postula que por el principio de causalidad: nada puede existir sin una causa suficiente. Si releo lo anterior para relacionarlo con esto podría preguntarme, saltándome muchos pasos intermedios y con un poco de impaciencia, ¿el bien es una causa o un efecto, o las dos cosas? ¿se puede ser causa y efecto a la vez en el mismo sentido? Sigamos... Sinónimos de causalidad: causa, origen, principio, fundamento, motivo.
Casualidad: combinación de circunstancias imprevisibles e inevitables. Sinónimos: azar, suerte, contingencia, accidente, coincidencia.
Este artilúgio es un sello de la tumba de Tutankamon
Siglos atrás Aristóteles enseñaba que si se quiere conocer debíamos conocer por las causas. El las clasificaba en, material, formal, eficiente y final. El concepto de causa eficiente fue el iniciador de la futura investigación científica por su carácter pragmático. Bacon que no era precisamente un aristotélico considera a la causa eficiente como un objetivo a cumplir, afirmaba que quien no conoce las causas no puede predecir los efectos. Galileo definió a la causa eficiente como la condición necesaria y suficiente para la aparición de algo.
Más tarde Hume lo enfoca desde otra óptica nos ofrece una interpretación distinta a la cotidiana, presumimos ver por adelantado determinados sucesos los cuales ocurrirán cuando se den ciertas circunstancias, un determinismo que nos permite saber con certeza que si nos acercamos al fuego este nos quemará. Basados en esta manera de pensar pretendemos estar habilitados para adjudicar a este y otros sucesos un nexo causal. El corolario de la filosofía de Hume es la negación del principio de causalidad. Se puede colegir claramente de lo poco que hemos mencionado acerca de este filosofo, que su pensamiento esta cargado de escepticismo.
¿Vemos porque tenemos ojos o desarrollamos nuestros ojos para ver?, detengámonos tan solo unos segundos en pensar en la pregunta y veremos que la respuesta es más compleja de lo que a primera vista puede parecer. Su aparente inocencia no vacila en ponernos en situación de cuestionar si puede ser posible que la luz sea la causa de que tengamos un sistema nervioso o si tenemos un sistema nervioso y por eso vemos la luz.
Así como Hume era un ejemplo del positivismo escéptico, Hegel lo era del idealismo, en intima relación con el tema que estamos tratando decía que un ladrillo no mata a un hombre porque sea un ladrillo sino por la velocidad que adquirió, su pensamiento asumía así a la causa de manera diametralmente distinta y nos brindaba posibilidades estratégicas de acción en los diferentes niveles de la cadena causal.
La causa como fuente de conocimiento: deducción, inducción y abducción. ¿El destino tiene causa o es casual?
En el Corán se afirma que Dios es Creador y agente del mundo. Esta aseveración resulta problemática pues, por un lado, algunos teólogos musulmanes la utilizan para defender que el único agente posible es Dios; los filósofos, por su parte, discrepan con esa posibilidad. Al-Ash̀arī, uno de los teólogos más representativos de la teología musulmana, es promotor de la denominada “doctrina kasb” que, a grandes rasgos, sostiene que, en realidad, no somos agentes absolutos de nuestros actos sino que éstos son adquiridos. Ello significa que es un agente externo, Dios, quien ha dispuesto lo que podemos hacer y, por lo tanto, Él es el único agente libre. Agente y causa es lo mismo. El problema se complica si tenemos en cuenta las implicaciones de tal afirmación, a saber, que Dios es la única causa de cuanto sucede en el mundo. Hasta aquí, parecería que los asharíes han recibido alguna influencia estoica, ya que son promotores de cierta clase de determinismo muy similar al que describe Alejandro de Afrodisias. En efecto, los asharíes admiten que el universo está gobernado por un único agente racional (Dios); éste rige todo el universo y toda acción que se dé en el mundo, sea en el orden natural o, como veremos, en el ámbito de los actos humanos, está administrado por una única causa. Todavía más: los asharíes atribuyen toda acción a un único agente pero, al parecer, no excluyen la posibilidad de que las acciones humanas dependan de un ‘agente responsable’. Parecería, entonces, que los asharíes están obligados a defender algo así como una doctrina compatibilista en la que, a pesar de la omnipotencia divina, habría que defender algún espacio para la responsabilidad humana. No obstante, el tratamiento de este problema es sumamente peculiar. Es cierto que en el seno de la tradición islámica, Dios omnipotente ha contemplado la responsabilidad y la irresponsabilidad moral de los agentes y por ello, como en los demás monoteísmos, ha dispuesto para ellos el premio o el castigo.En este sentido, podríamos entender que hay un margen para el agente humano. Sin embargo, en el contexto asharí incluso las acciones negativas las adquirimos de Dios. Un buen musulmán asharí confía en que si Dios ha provisto adversidad, ésta no sobrepasará lo que podemos resistir. las acciones negativas las adquirimos de Dios. Un buen musulmán asharí confía en que si Dios ha provisto adversidad, ésta no sobrepasará lo que podemos resistir. Si por el mal entendemos la adversidad, la teología asharíe nos invita a asimilar que de toda adversidad se sigue algún bien. El legado sería muy similar al conocido pasaje judeo-cristiano de Job. El mal moral, es decir, las razones por las que los humanos cometemos faltas morales o pecados es algo absolutamente misterioso para nosotros. Este último es, tal vez, uno de los aspectos más complejos que se discuten si es que admitimos que el único agente posible es Dios y los seres humanos no somos precisamente agentes, sino receptores de los designios divinos. Esta concepción del agente está respaldada por un modelo atomista de la naturaleza. Así como el determinismo compatibilista estoico supone algunos planteamientos cosmológicos, lo mismo sucede con los asharíes. No obstante, hay diferencias significativas entre los dos. Los asharíes son atomistas y ello les sirve para descartar la necesidad del vínculo entre causa y efecto. Me explico: para los asharíes el mundo es un conjunto de átomos (ağzā́) que, al reunirse, dan lugar a los cuerpos y, al separarse, dan lugar al vacío (halā́). Los átomos cambian permanentemente, se desintegran y se recrean a cada momento. Dios se ocupa de este proceso: Dios crea y renueva al mundo sin que ningún tipo de ley pueda escapar de su omnipotencia. Dentro de la literatura asharí, uno de los pasajes que más ha llamado la atención es el que se lee en la discusión diecisiete de la conocida obra de al-Ghazālī (1058-1111), Tahāfut al-falāsifa (La incoherencia de los filósofos). En dicho pasaje, al-Ghazālī dice que Dios puede interferir en los fenómenos naturales, si así lo desea. Me detengo en este pasaje no sin antes aclarar que, aunque al-Ghazālī es un asharí, todo indica que no comparte el atomismo que al-Ash̀arī y la mayor parte de sus seguidores sostienen. Al margen de esta precisión, hay razones para pensar que al-Ghazālī admite que el único que puede jugar el papel de causa eficiente es Dios. Me parece que esto es claro en la discusión diecisiete.El mundo es absolutamente dependiente de la voluntad divina. La atomización de la naturaleza favorece la intervención divina en el mundo, pues, en efecto, si ésta está atomizada, entonces es discontinúa y, para subsistir tal como la conocemos (ordenada y articulada), es necesario apelar a una inteligencia externa. Ello se ajusta perfectamente a Corán 30: 27: “Es Él Quien inicia la creación y, luego, la repite. Es cosa fácil para Él”. Atentos a este pasaje coránico, los asharíes niegan —a diferencia de los estoicos— que exista un modelo causal natural: si los procesos naturales provienen y dependen de la voluntad divina, entonces existe una única causa, un único agente: Dios.
Para nosotros [los teólogos] no hace falta que haya un enlace entre lo que se considera causa y lo que se considera efecto. Nada tiene que ver una con otro. […] De la existencia de la [causa] no se sigue la existencia del [efecto], ni de la privación de la primera la privación del segundo. Por ejemplo, calmar la sed no se sigue de la existencia del beber, ni el hartarse del comer, ni el quemarse del contacto con el fuego; tampoco [se sigue] la luz del nacimiento del sol; ni la muerte de la decapitación, ni la curación de la ingestión del remedio, ni la purga del vientre de [la Afrodisias.indd 170 14/11/08 08:50:21n o v a t e l l v s, 26◆ 2, 2008, pp. 155-178 171 ingestión] de un purgante. […] El enlace entre ambas cosas [la causa y el efecto] en los ejemplos anteriores, obedece a una disposición divina que las ha creado simultáneamente; pero no es que tal enlace sea necesario e indefectible. […] Los filósofos por el contrario, niegan tal posibilidad pretendiendo que todo eso es absurdo (Tahāfut XVII, § 1, 5, p. 166).
La causalidad eficiente es en el cristianismo la única explicación de la existencia de un dios creador y lo razonan de la siguiente forma:
1) Nos consta por experiencia que hay en el mundo sensible un orden determinado entre las causas eficientes, pues están subordinadas esencialmente entre sí para la producción de un efecto común.
2) Pero no se da, ni es tampoco posible, que una cosa sea causa de sí misma, ni en el orden del ser ni en el de la operación, pues en tal caso habría de ser anterior a sí misma, y esto es imposible.
3) Ahora bien: esa serie de causas eficientes, subordinadas esencialmente entre sí, no se puede prolongar indefinidamente, porque siempre que hay causas eficientes subordinadas, la primera es causa de la intermedia, y ésta causa de la última. Cada una de estas causas actúa por influjo de las causas que la preceden. Y así tenemos que, suprimida una causa se suprime su efecto. Por consiguiente, si no existiese una causa primera, tampoco existiría la intermedia, ni la última. Si, pues, se prolongase indefinidamente la serie de causas eficientes, no habría causa eficiente primera y, por tanto, no habría efecto último, ni causa eficiente intermedia, cosa falsa a todas luces.
Por consiguiente, es necesario que exista una causa eficiente primera.
4) Esta causa eficiente primera, que no es causada por ninguna otra, a la que están subordinadas todas las demás causas; es decir, esta causa eficiente incausada es llamada por todos Dios. Luego Dios existe.
Como se puede ver el tema de la causalidad tiene mucha miga no sólo en lo puramente filosófico y teológico sino también en lo científico y en lo moral o ético (quidquid nitet notandum).
El cerebro no es un vaso por llenar, sino una lámpara por encender.
Plutarco


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