lunes, 26 de marzo de 2012

"Claustrum sine armario ...

Antiquísimo miniado procedente de Noruega.

"Claustrum sine armario ("armarium" era lo mismo que biblioteca o archivo) quasi castrum sine armamentario"

Este adagio antiguo da idea del alto interés que demostró la Iglesia en atesorar el saber en sus monasterios.
Entre las sombras del siglo x se encendió una luz que pronto esparcería sus fulgores por toda la cristiandad. Esa luz era el Monasterio de Cluny, cuya acción bienhechora abarcó no sólo a los monasterios de todo el Occidente, sino a las cortes de los reyes y de los papas, a los palacios de los obispos y a los castillos de los nobles.Con Cluny, el monaquismo occidental cumple, junto a la tarea de la reforma moral del mundo cristiano, una misión social y económica, sobresaliendo siempre por sus obras de caridad y beneficencia para con los rústicos y colonos, por el impulso prestado a la industria, a la repoblación de selvas y desiertos, etc.
Sala filosófica de la Biblioteca del Monasterio de Strahov (Praga).
En lo cultural, aunque no eran sabios, los cluniacenses fueron buenos copistas y descollaron en el arte de la miniatura y en la pintura de las vidrieras, pero su mayor gloria artística reside en la arquitectura románica, con las innumerables y magníficas iglesias que levantaron en todas partes, hasta el punto que el arte románico ha podido llamarse cluniacense. Cluny unió siempre la cultura y la vida espiritual, difundiendo la belleza al mismo tiempo que la bondad. El ideal monástico tuvo dos clases de realizaciones en occidente: una vida solitaria cerca o dentro de las ciudades y otra en el campo, alejada de la ciudad. El monaquisino urbano conoce sus mejores logros en los ámbitos más variados de la cultura en el siglo XI.
Pero a mediados de ese mismo siglo se iniciará la crisis, que al principio de la duodécima centuria dará lugar a un nuevo monaquisino.

  Biblioteca de la Universidad de Coimbra (Portugal)

El obispo de Sevilla, Isidoro, encarna a la vez que la imagen de un gran santo, la de un hombre de ciencia extraordinario. Su labor como ilustrador de los visigodos fue notable. Compuso libros de filosofía, historia y religión y aconsejó a los reyes y a los hombres sabios de su época. Su obra: "Las Etimologías o el origen de las cosas" trata de todos los conocimientos divinos y humanos del siglo VII: de la disciplina y del arte, de las siete enseñanzas liberales, de la gramática y de la métrica, de la fábula y de la historia, de la retórica y de la dialéctica, de las ciencias matemáticas y de la música, de la medicina y de las leyes, de las bibliotecas y su régimen, de las lenguas y de los alfabetos, del mundo y de sus partes, de los átomos y elementos, de los fenómenos meteorológicos, de las piedras y los metales, del arte militar y de las máquinas de guerra, de la arquitectura, de la construcción naval, de las artes suntuarias, de los instrumentos domésticos y hasta de los vestidos y manjares.
La obra de San Isidoro, que de acuerdo con el criterio de la época comienza por el estudio de las siete disciplinas liberales, sirvió de base a los estudios de los siglos posteriores: San Bede el Venerable se apoya en ella para establecer el régimen de estudios en la escuela de York, en Inglaterra; en el siglo VIII, Alcuino restaura las escuelas del Imperio franco inspirándose en los métodos isidorianos y con él colaboran en esta obra tres españoles: Teodulfo de Orleans, Claudio de Turín y Prudencio Gaündo. Rábañ Mauro, en el siglo IX, introduce la ciencia de las Etimologías en Alemania; más tarde siguen alimentándose de la tradición isidoriana nuestras escuelas mozárabes y cristianas, y Europa entera la conserva a través de los siglos hasta que con el Renacimiento se abren horizontes más vastos para las ciencias.

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